TDAH y las pequeñas batallas que nadie ve

 

TDAH y las pequeñas batallas que nadie ve

Vivir con TDAH es algo que pocas personas entienden realmente, incluso muchas veces quienes lo padecemos no lo entendemos del todo. No se trata solo de “ser despistado” o “tener mucha energía”. Va mucho más allá. Es una lucha interna constante con una mente que no para, que salta de un pensamiento a otro como si tuviera miedo de quedarse quieta, y que muchas veces se vuelve en tu contra en los momentos más importantes.

Pero lo más difícil no son las grandes crisis, sino esas pequeñas batallas cotidianas que nadie ve.


La alarma suena... y empieza la guerra

Todo comienza desde que abro los ojos. Levantarme a tiempo, no perderme en el celular, elegir la ropa sin distraerme con otra cosa, salir de casa sin olvidar algo… cada paso parece una prueba de enfoque. A veces llego al colegio y ya estoy mentalmente agotado.

Y lo más irónico es que soy organizado... pero a mi manera. Si no anoto algo, lo olvido. Si no estructuro mi día por bloques, me pierdo. Vivo entre alarmas, agendas, aplicaciones y notas en el celular que me recuerdan todo lo que el resto parece recordar sin esfuerzo.


El aula: mi refugio y mi campo de batalla

Dar clase me encanta. Me llena. Pero incluso en ese lugar donde me siento fuerte, hay batallas.
Mientras explico un tema, mi mente a veces quiere saltar al siguiente, y debo recordarme volver. O estoy con un grupo y de pronto me doy cuenta de que perdí 3 segundos mirando una pared, pensando en una idea que no tenía nada que ver.

A veces me cuesta mantener el ritmo, otras veces me acelero tanto que termino hablando de todo y de nada. Por eso preparo mis clases con tanto detalle: porque sé que necesito estructura para no caer en el caos.


El problema no es solo la atención

El TDAH no es solo falta de atención. Es una montaña rusa emocional. Es pasar de estar animado a sentirte inútil en minutos. Es la culpa constante de no haber hecho más, de no haber hecho mejor.

Es dudar de ti mismo incluso cuando otros te elogian. Es sobreanalizar un mensaje de WhatsApp durante media hora antes de enviarlo. Es evitar una conversación importante porque sientes que no sabrás expresar bien lo que sientes.

Y sobre todo, es cansancio mental. Ese que no se nota, pero se acumula y te pesa más que una jornada laboral de 12 horas.


Los momentos invisibles

Hay batallas que nadie ve:

  • Cuando te sientas frente al computador y pasan 2 horas sin empezar lo que ibas a hacer.

  • Cuando cancelas un plan porque el caos mental no te deja ser social.

  • Cuando tu habitación parece ordenada, pero tu mente es un torbellino.

  • Cuando escribes un mensaje 10 veces y terminas no enviándolo.

O esa más dolorosa: cuando te gusta alguien, pero el miedo y la sobrecarga mental te impiden siquiera hablarle.


Y sin embargo, aquí sigo

No escribo esto para que me tengan lástima. Lo escribo porque necesito decirlo. Porque a veces las personas como yo aprendemos a actuar bien, a rendir, a lograr cosas. Pero nadie ve el esfuerzo titánico que hay detrás.

Tengo una carrera, una especialización, una maestría. Enseño, creo, proyecto... y aún así, hay días en que me siento pequeño, confundido, superado por mí mismo.

Pero también estoy aprendiendo a abrazar quién soy. A no juzgarme tan duro. A organizarme de formas que funcionen para mí, no para los demás. A celebrar mis pequeños logros. Y sobre todo, a hablar de esto.

Porque el TDAH no me define, pero sí me acompaña. Y como todo acompañante, he decidido conocerlo mejor, para que no me tome por sorpresa.

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